- De muy chica - entre los 8 y los 10 años - me regalaron un libro de Khalil Gibran - La voz del maestro- que me dejó bastante traumada. Desde entonces desconfío mucho de la literatura que proviene de escritores que son de sociedades con mucha historia. O con cualquier cosa que venga de Asia en general.
- También por esa edad me regalaron una agenda con citas de Paulo Coelhoque no sólo quedó en el olvido - porque cuando estás en la primaria una agenda no te sirve de mucho, qe digamos - sino que además me hizo notar que Coelho no es para mí. Lo tengo apenas unos cm. más arriba que a Bucay, para que se imaginen.
- El otro día mi mamá me confesó que durante esa avalancha devoradora-de-libros (es decir, leo todo lo que se me cruza) escondió un libro para que yo no lo leyera (supongo que tendría una temática "de adultos"). Y lo escondió tan bien que nunca más lo encontró.
- Ya un poquito más grande, entre los 10 y los 13 años, mi mamá me regalaba novelitas rosa que agarraba al azar en la librería. Una navidad - yo tendría 12 años - me regaló un libro que me marcó profundamente: fue el primer libro que leí que tuviera escenas eróticas.
- No tengo ni ides de dónde están la mayor parte de esas novelitas rosas. Supongo que habrán muerto en alguno de los intercambios de libros con una tía o con mi hermana, con las que suelo intercambiar especialmente novelitas rosas.
- Ya no leo novelitas rosas.
- A los 12 años, también, leí Relato de un Náufrago de García Márquez y me pareció terriblemente aburrido, un prejuicio que me quedaría por muchos años, a pesar de leer luego un par de libros más que no fueran para nada aburridos. Recién ahora, después de leer 100 años de Soledad, pude terminar de sacudirme ese prejuicio.
- Tengo un prejuicio parecido con Borges, sólo que no recuerdo haber leído nada de él (creo que tal vez leí el Aleph, pero no puedo recordar nada relativo a la trama) Hace unas semanas decidí que es hora de educarme y leer Borges, sin embargo, por ahora tengo muchas cosas en mi lista de espera para leer. En algún momento voy a desasnarme.
- Muchos de los que hoy son mis autores preferidos, en algún momento de mi preadolescencia me parecieron aburridos. En esa época me gustaban los poemas, las novelas rosas y las novelas de detectives (Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, sobretodo).
- Con todo esto noté que perdí muchos libros. O que por lo menos, estoy segura de haber tenido libros que ahora no encuentro por ningún lado.
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Random facts literarios-enganchados
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Bookworm
Desde muy chica soy lo que se denomina bookworm, una ávida lectora y amante de los libros. Durante la primaria fui a un colegio en el cual la biblioteca era una suerte de centro social, lo cual me llevó a pasar muchas horas dentro de la misma y a hacerme amiga de la bibliotecaria. Entonces una pulguita de unos 8, dando vueltas por ese pequeño ático atiborrado de libros, descubría a Sherlock Holmes y Agatha Christie. Después fueron Gabriel García Márquez con su realismo mágico, los poermas de Benedetti, la ciencia ficción de Ray Bradbury. Cuentos de Elsa Bonnerman, novelitas rosas y best sellers, Sor Juana Inés de la Cruz y hombres necios que acusais. No desperdiciaba nada de lo que caía en mis manos.
Cuando me cambié de colegio pasé a uno que no tenía una biblioteca que hiciera que a la gente le gustara pasar su tiempo ahí - por lo tanto no iba tan seguido (además, la bibliotecaria me daba un poquito de miedo). Con el correr de los años me fui amigando, pero ya no fue lo mismo. La biblioteca ya no era un pequeño ático sino una sala con una larga mesa de lectura y todos los libros perfectamente ordenados en grandes estanterías con puertas de madera y vidrio, y encima no tenía ni un solo libro de Agatha Christie!
Hace unos años - después de un par de affaires con los e-books - redescubrí los libros. Volví a mi primer amor: a las librerías grandes llenas de libros con olor a viejo, a caminar por las ferias del parque en busca del algún libro que me tiente. Volví a leer todo el tiempo, especialmente en los recreos de la facultad, en el subte y en el colectivo. Devoro los libros, uno tras otro, y mi biblioteca crece a un ritmo alarmente. Hace unos meses, mis padres me regalaron una biblioteca nueva porque los libros estaban empezando a apilarse de una manera que desafiaba a la física y amenazaba con caerse sobre mí en cualquier momento. Y junto con la nueva biblioteca, decidí darle uso a mi cuenta en Shelfari (y ya que estaba, también a la de Goodreads y a la de Readernaut), ponerme media pila y ponerme a organizar digitalmente los libros de mi colección.
Llevar un registro de mis libros me evita comprar libros duplicados (sí, aunque no lo crean me pasó de comprar un libro que ya tenía..... dos veces me pasó!), llevo un registro de lo que leo, lo que tego, lo que quiero leer y además me entero de cosas interesantes sobre lo que leo :)
Últimamente pongo mucho esfuerzo en los libros que busco, y en aportar cuidadosamente información sobre mis libros: edición, ISBN, tapas, algún review.
Intento llevar esta (no sé si tan) sana adicción a los libros a la gente que me rodea, pero muchas veces no puedo engancharlos y eso me frustra un poco. No sé si es por la temática de los libros o porque a las personas simplemente no les interesa leer. (Igual, me sirve de consuelo ver cada vez más libros en el subte, aunque sea una copia de El combustible espiritual 2)
Cuando me cambié de colegio pasé a uno que no tenía una biblioteca que hiciera que a la gente le gustara pasar su tiempo ahí - por lo tanto no iba tan seguido (además, la bibliotecaria me daba un poquito de miedo). Con el correr de los años me fui amigando, pero ya no fue lo mismo. La biblioteca ya no era un pequeño ático sino una sala con una larga mesa de lectura y todos los libros perfectamente ordenados en grandes estanterías con puertas de madera y vidrio, y encima no tenía ni un solo libro de Agatha Christie!
Hace unos años - después de un par de affaires con los e-books - redescubrí los libros. Volví a mi primer amor: a las librerías grandes llenas de libros con olor a viejo, a caminar por las ferias del parque en busca del algún libro que me tiente. Volví a leer todo el tiempo, especialmente en los recreos de la facultad, en el subte y en el colectivo. Devoro los libros, uno tras otro, y mi biblioteca crece a un ritmo alarmente. Hace unos meses, mis padres me regalaron una biblioteca nueva porque los libros estaban empezando a apilarse de una manera que desafiaba a la física y amenazaba con caerse sobre mí en cualquier momento. Y junto con la nueva biblioteca, decidí darle uso a mi cuenta en Shelfari (y ya que estaba, también a la de Goodreads y a la de Readernaut), ponerme media pila y ponerme a organizar digitalmente los libros de mi colección.
Llevar un registro de mis libros me evita comprar libros duplicados (sí, aunque no lo crean me pasó de comprar un libro que ya tenía..... dos veces me pasó!), llevo un registro de lo que leo, lo que tego, lo que quiero leer y además me entero de cosas interesantes sobre lo que leo :)
Últimamente pongo mucho esfuerzo en los libros que busco, y en aportar cuidadosamente información sobre mis libros: edición, ISBN, tapas, algún review.
Intento llevar esta (no sé si tan) sana adicción a los libros a la gente que me rodea, pero muchas veces no puedo engancharlos y eso me frustra un poco. No sé si es por la temática de los libros o porque a las personas simplemente no les interesa leer. (Igual, me sirve de consuelo ver cada vez más libros en el subte, aunque sea una copia de El combustible espiritual 2)
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