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A veces me extraño

Hoy por accidente puse un tema que hace mucho que no escuchaba. Y otro, y otro, y otro, y entonces me di cuenta de cuánto me extraño. Extraño a esa chica súper alegre e hiperactiva, con una bandana en el pelo cada día de un color distinta, con una mochila toda rotosa bordada a mano. Extraño esas simples alegrías de ser extremadamente feliz con mi vida, de ir tranquila a la facultad por la mañana y quedarme dando vueltas un ratito a la tarde; de ir a clase en el turno noche con todas las pilas puestas y correr de un lado para otro con mis amigas. De escuchar mis composiciones, de tocar el piano durante largas horas, de ir a todos lados escuchando música.

Extraño los recitales, la energía y el cantar a gritos, el saltar y bailar casi hasta desmayarnos de felicidad. Extraño las previas a la vuelta o en la esquina, el speed con melón o la birra con amigos, los mosh hechos contra mi voluntad - por personas conocidas o desconocidas, pero mucho no importaba -, extraño las escapadas clandestinas con mi amante, las risas y los mates con mis amigos en la facultad o en la casa de cualquiera. Extraño esos delirios y las guitarreadas.

Extraño ponerme lo primero que veo y ni siquiera peinarme, la música a todo volumen sin que importe nada más. Extraño los abrazos fuerte y la gente que me saluda a donde sea que vaya. Extraño tocar el piano y sentir que quiero morir haciendo eso, entregándole mi vida al piano. Extraño los acústicos en la guitarra, las noches bajo las estrellas, las charlas eternas hasta el amanecer. Extraño quedarme despierta hasta muy tarde aunque al día siguiente tenga que levantarme muy temprano. Extraño disfrutar cada segundo como si fuera el último, sabiendo que estaba donde debía estar. Mi corazón me lo decía.

Cosas que nunca sabré

Si de verdad me quisiste o si al final fui otra más en la lista.

Si todo el tiempo que estuviste conmigo, en realidad estabas pensando en ella.

Verano otra vez

El verano pasado me encontraba intentando construir algo, intentando vecer miedos, intentando ceder. Intentando enamorarme pero sin soñar demasiado. También me encontraba despidiéndome de él, negándome, intentando olvidarme.

Pero el verano pasado también me partieron el corazón y me lo volvieron a arreglar, reviví sentimientos, volví a encontrarme con lo que creía perdido, pasé tardes tirada retorciéndome en mi dolor y tardes tirada en su cama sonriendo de placer. También conocí a muchas de las personas que hoy son parte de mi vida diaria, incluyéndolo a él (que ocupa una gran parte de mi vida)

El verano pasado cometí errores y aciertos, tomé decisiones buenas y malas, me propuse cosas que no pude cumplir, pero por sobre todo: pasó lo que yo no creía que podía pasar, y pasó lo que yo no quería que pasara.

Tal vez después de todo Vi tiene razón: el verano es largo, y pueden pasar demasiadas cosas de acá al 21 de Marzo.

Caligrafía

Me gusta escribir, pero a mano. Pero no me gustan tanto las palabras como me gustan las formas, las letras. Las letras me parecen lindas. Quedo embelesada durante mucho tiempo escribiendo, dibujando letras y mirándolas.

No busco otro significado atrás. Me gustan las curvas, la delicadeza, la uniformidad. Me gustan las p de nena de primaria, los palitos de las t todos a la misma altura. los puntos en la i y la forma de la s. Me gusta hacer a y o y jugar con ellas, hacer rulitos y adornos. Me gusta la imprenta y la cursiva, y me gusta mucho más la minúscula que la mayúscula. La mayúscula es tosca y te grita, y yo no grito. Me deslizo con suavidad entre las letras, entre mis dibujos.

Repito. Repito la palabra una y otra vez con distintas letras, en distintos tamaños, colores, lápices y lápiceras. Me enamoro de las letras, las escritas a mano con letra prolija.

Insomnio

Y acá estoy, otra vez pensando en vos. Sí, ya sé que no debería, que se supone que ya cerramos todo esto, pero no puedo pensar en otra cosa hoy.

El calor se me pegotea, el estómago se venga por los maltratos recibidos y yo doy vueltas en la cama. Me levanto, camino, tomo un vaso de agua, escribo, leo. Pero ahí estás.

Y acá estoy, escribiéndote.

Debe ser una señal

Ya van dos veces que me dicen "pero no es esto lo que querías?"
Y sí, era eso.

Entonces?

Sobre las historias comunes

Ella no era especialmente linda ni especialmente brillante. No se destacaba por ser popular, ni atractiva, ni interesante, ni simpática, ni charlatana. No era muy alta, ni muy gorda. No tenía ojos que quitaran el aliento, ni labios pulposos, ni curvas exageradas. No se destacaba ni siquiera por ser rara.

Y sin embargo, alguien la quería así, tal como era.

Estamos en condiciones de afirmar

...que hacía mucho que no era tan feliz :)

One way or another

No pasa un día sin que me pregunte si al final tomé la decisión equivocada.

Pero tampoco puedo dejar de preguntar... si hubiera elegido el otro camino, estaría haciéndome esa misma pregunta?


No, no tiene ningún tipo de sentido pensar en eso.

Girls can code

Como es sabido por los lectores asiduos al blog (y si acaban de caer se enteran ahora) estudio Ingeniería en Sistemas de Información. Las ingenierías son de las denominadas "carreras duras" por un montón de motivos, entre los cuales se encuentran la carga horaria, la cantidad de años, la dificultad y la cantidad de matemática que requiere. Estudio en una Universidad en la que sólo se dictan carreras de Ingeniería. Yendo a lo puntual, en mi Facultad se dictan diez carreras, todas de ellas Ingenierías: Civil, Eléctrica, Electrónica, Industrial, Naval, Mecánica, Química, Sistemas y Textil. Por ser carreras duras, hay muchísima menos gente que en otras carreras, ya sea por miedo, por desconocimiento o por falta de constancia... lo cual no viene al caso. A lo que iba, ya de por sí es poca gente la que estudia estas carreras y sobre eso, el porcentaje de mujeres es muchísimo menor, porque las Ingenierías son tradicionalmente carreras "de hombres".

Aproximando números, podría decirse que la relación hombres-mujeres es de un 70% - 30% y es terriblemente notorio. En los años que llevo en la carrera, en el mejor de los casos la población femenina del curso representa 1/4 del total. Me ha tocado ser la única mujer del curso, como también ser dos, o tres, sobre un curso de entre 40 y 50 personas. Generalizando dentro de mi carrera, el 90% de las mujeres que entran en ella no saben programar, y muy probablemente jamás vieron código en su vida. Ya lo sé, programar no es ni por asomo fundamental en la carrera, pero sí lo es para entrar en el mercado laboral de hoy en día. Me arriesgo a afirmar que la mayor parte de estas mujeres no va a trabajar, por lo menos como programadoras, hasta llegar casi a 4to año de la carrera. A esta altura, la proporción entre hombre y mujeres es la misma, pero la cantidad de alumnos que llega a esa instancia de la carrera es mucho menor... por lo tanto, también son menos las mujeres que llegan hasta 4to año de la carrera.

No creo que puedan imaginarse la discrimación que sufren las mujeres a la hora de enfrentarse a la búsqueda laboral en estas ramas. Muchos avisos especifican que quieren SÓLO hombres, y muchos otros ni siquiera se gastan, porque no esperan recibir CVs de mujeres. Por suerte, esta tendencia se está revirtiendo últimamente, pero en el fondo todavía está arraigado ese prejuicio de que las mujeres no sirven para esto. Las mujeres no pueden diseñar máquinas, las mujeres no pueden armar plaquetas electrónicas, las mujeres no pueden armar circuitos eléctricos, las mujeres no saben programar.

Mucha gente se sorprende al escucharme decir que trabajo como programadora, que soy estudiante de Ingeniería, que me gustan la matemática y las computadoras. Mucha gente no me creía capaz de lo que hoy soy, me decían que me dedique a Letras, o simplemente a la docencia. Y entonces pienso que la "revolución femenina" empezó, sí, pero todavía no llegó a un montón de lados, todavía no penetró en las raíces más profundas del pensamiento. Todavía el imaginario colectivo piensa que la Ingeniería es una carrera para hombre.

Todo esto iba a que hoy, después de un mes de proyecto asignándome "cosas pavas", el Project Leader me pidió que hiciera algo con lo que él venía batallando hace dos semanas y no andaba. A las tres horas me fui contenta a clase, porque había dejado todo andando divinamente.

Muchas veces te van a decir que no. Que no servís, que te dediques a otra cosa, que esto no es lo tuyo, te van a perseguir para que abandones, te van a hacer sentir mal. La clave está en nunca dar el brazo a torcer, en hacer la tuya. Porque al final tu vida es tuya, y nadie debería decirte de qué sos capaz.

La teoría de las ranas

Yo sé que hay una pregunta que desvela a muchos, y que a mí misma me desveló más de una vez al verme envuelta: why do the good girls always want the bad boys?

Suena lógico eso de que una chica "siempre va a buscar lo mejor para ella" y que va a querer al chico que es bueno con ella, y que la cuida, no la maltrata ni la hace llorar. Pero saben qué? Eso no pasa. Sí, es difícil de entender, pero muchísimas (la mayoría?) de las veces la chica no elige al chico bueno, al que haría cualquier cosa con ella y es capaz de aparecerse en su casa a las 8 a.m. con un ramo de flores. No, no, no, la chica por lo general elige a "ese idiota" que la hace sufrir, que no la llama, que se va con otra. Lo perdona mil veces, soporta que la cambien a último momento y que la ignore enfrente de sus amigos. Pero esto ya lo sabemos todos, ahora la pregunta es por qué? Por qué eligen al chico malo?

La respuesta es simple: toda mujer tiene la fantasía de reformar al hombre malo, de ser el hada madrina, el salvavidas que puso en el buen camino al pobre descarrilado. Es algo instintivo, tan primitivo que muchas no pueden en realidad decir que las atrae y se escudan tras un "me puede". Sepan que esa es la realidad, todas esperan poder cambiar al hombre que las lastima, a ese príncipe que claramente supieron distinguir desde el primer momento. Mas bien, desean con todas sus fuerzas que detrás de lo que en realidad era una rana haya un príncipe azul.

(y just in case you where wondering, esta vez, contra todo pronóstico pero a favor de todos los consejos, elegí quedarme con el good guy y sinceramente... so far so good.)

No jures ni prometas

Yo no suelo prometer cosas. Y menos que menos jurar, es algo que no me gusta, que no me sale del alma. Es algo forzado y poco real, como una sonrisa fingida o una súplica de última instancia, es el manotazo de ahogado para un creeme.
No prometas, y menos a futuros lejanos. No prometas que me vas a querer siempre, porque ni siquiera podés tener la certeza de que mañana me vas a seguir queriendo. No ates nudos en hilo de seda, que se aflojan, se estiran y cuando quieras darte cuenta ya no está más. En serio, hay pocas cosas más feas que ver partirse el corazón de alguien a quien no pudiste cumplirle una promesa. Pero peor es saber que cada que fallás, cada vez que no cumplís una promesa, esa otra persona va perdiendo un poquito de confianza en vos, hasta que ya no queda nada. Y entonces es un poco como Juanito y el lobo, cómo pretendés que esta vez te crea si ya me demostraste que no puedo confiar?

Vergüenza

Me causa gracia como la gente que sabe que te decepcionó te esquiva, y cuando te saluda lo hace rapidito, sin mirarte a los ojos, y se va rápido con cualquier excusa.



No necesito dar nombres.

Cosas que (se) me ocurren

Me gustás (mucho) (bueno, no, demasiado).
Sos increíble.
Después de vos, no quiero ni necesito más.

Quiero conocerte.
(pero vos no querés que te conozca, y tampoco querés conocerme)

Hablemos en serio

Hola, mi nombre es Florencia. La chica bajita de pelo negro y ojos marrones que pasa desapercibida pero que se ríe. Sí, esa, la que siempre tiene algo para comer en la mano. Bueno, mi nombre es Florencia, tengo 20 años y un problema: nunca es suficiente.
Ya sé que no parece, pero es un problema serio, porque a veces me pongo en papel de superman (o superwoman? mujer maravilla?) y doy más de lo que puedo. Más tiempo, más esfuerzo, más milagros, más todo. Doy hasta lo que no tengo y me quedo sin nada. (no, no hablo de cosas materiales). Bueno, no, algo me queda: el vacío. El agotamiento mental y físico. La cama, mirar la nada.

Nunca son suficientes materias, nunca son suficientes actividades, nunca estoy involucrada lo suficiente. Nunca trabajo lo suficiente, nunca soy lo suficientemente femenina u ordenada. Juro que lo intento, pero debo intentarlo mal porque nunca alcanza.
Siempre podría hacer más, siempre podría ser mejor, pero no lo hago, no lo soy. Nunca (me) alcanza.

Los límites se desdibujan y se estiran como chicles. Pegajosos, incapaces de volver a unirse para formar un globo. Me niego a aceptar que el límite está ahí, que existe y que en realidad es rígido. Los días tienen 24 horas y las personas deberían dormir entre 6 y 8 horas diarias. El café hace mal y yo me hago mal. Juego a saltar sobre el límite como cuando jugaba al elástico y daba vueltas y lo enredaba, saltaba sobre él y lo estiraba. Yo digo que estaría bueno aceptar mis límites y no justamente por empujarme hacía ellos, y May me responde que yo conozco mis límites, pero que no puedo evitar jugar con ellos hasta que son como un elástico que se corta y me lastima.

Me niego a abandonar.
(me importa poco y nada la coherencia que pueda tener esto. no lo voy a revisar. hace mucho que no hablo de algo tan íntimo, tan de verdad)

Memoria locacional

Buenos Aires es grande y hermosa, pero cada uno de sus lugares para mí tienen sus propios recuerdos y quedan asociados a las personas. Por ejemplo, para mí la plaza Flores es un ex novio mío, que me regaló un llavero con forma de estrella que compró en la otra cuadra para mí. Ahí cerquita, contra una pared en la calle Terrero un chico me confesó que estaba engañando a la novia. Unas cuadras para el sur son ellas calles oscuras y desoladas por las que caminamos con mi mejor amigo una noche de primavera en la que iba a cambiar mi vida.
Para mí la calle Lavalle tiene un poco de paseo con amigas por Once, y en el centro tiene gustito a reuniones, a Pump y Para-Para. Maipú lleva recuerdos de él por todas sus veredas y Talcahuano siempre es un mediodía mirando guitarras, cuerdas y micrófonos. La calle Florida es una gran ensalada de clases de piano los sábados a la mañana y conciertos de sábado por la noche. Corrientes y Uruguay son sábados a la tarde sentados en la galería hasta que nos echaran por hacer lío.
La avenida Gaona tiene un poquito de Bella, un poco de amigas en el Coto y mucho de él y nuestro primer beso. Acoyte y Rivadavia también tiene mucho, muchísimo de él, de noches de cines y de tardecitas paseando, aunque también tiene una dosis de amigas y un poco de mamá. La esquina de Neuquén y Fragata Sarmiento tiene gusto a helado de melón y noches de domingo.
Cabildo y Juramento son tardes de rebelde quinceañera, de recorrer galerías "en busca de". Son un poco como las galerías de Rivadavia pero con menos recuerdos. Belgrano tiene un poco de mucho: tiene noches de llovizna, tiene turnos de médico bien tarde, tiene paseos por lugares irreconocibles al lado de él. Eso: ese barrio tiene mucho, muchísimo de él. De mañanas frías, de besos bajo la lluvia, de noches tibias.
La puerta de un edificio en la calle Corrientes tiene irremediablemente pegado el recuerdo de una noche en la que me llenaron de espuma en el corso de Febrero. Acevedo del otro lado son tardes pegajosas de un verano aburrido. Las callecitas deporacá tienen gusto a mis primeros mates amargos y las reuniones de los sábados en la parroquia del barrio. El patiecito de la parroquia tiene mucho de niñez, de primera comunión y de misas de semana santa.
Acevedo pero de este lado son mañanas tardías y horas consumidas en la biblioteca, son un himno al colegio y mis primeros pasos en el periodismo.
La plaza enfrente de Económicas tiene un poco de pastillitas de las princesas, otro poco de skates, un poco de exámenes y buzos y mucho de waffles rellenos y bañados en dulce de leche. Más para allá, Recoleta es todo de él y de sus fines de semana, de una y mil películas en el Village y de pies adoloridos (ya te pedí disculpas por eso?).
La avenida Santa Fe es de mis amigas y de nuestros paseos mirando vidrieras, y hablando de mis amigas, Maipú - pero en Vicente López - es una de ellas. Las calles de Vicente López, las tardes frías y con viento en el río son de mis amigos. Son llegadas tardes pero mates dulces, son talitas, acústicos y poses frente al espejo (los extraño un montón! cuándo los veo?). Y un poco más para allá, Martínez es una mezcla de té helado, de tardes calurosas durmiendo la siesta con él, pero además de noches frías de invierno en recitales en PCP. Martínez, aunque también más para allá y más para acá, y sobre todo Niceto Vega un martes a la noche, tiene mucho, mucho de él.
Una cortadita enfrente del Hospital se parece a una tarde fría de primavera, a un auto estacionado y a un tema cantado en la guitarra.
Cada rincón tiene sus propios recuerdos, miles de momentos congelados que empapelan las paredes, que brotan del piso y se resbalan hasta las alcantarillas. Son colores, son temperaturas, son sentimientos, son pedacitos de mí en un mosaico gigante que forma una ciudad.

Un vaso de agua (II)

Hoy es una noche silenciosa. Sola, el calor de la estufa, la luz tenue y el silencio se apoderan de mí. El silencio entonces transforma mi espacio en una inmensidad de nada. Nadie, nunca, nada.
Lo único que quiero es que me acaricien la cabeza mientras intento dormir, mientras me piden que no llore. El calor de la estufa, la luz tenue, hasta el silencio. Pero sola no.

Un vaso de agua

Angustia, respiremos. Una tormenta, un vaso de agua. Please, tranquilidad. Eso, un vaso de agua, dame un vaso de agua. La vista perdida en algún punto donde nadie puede llegar. O no, porque en realidad la vista no está perdida pero los ojos están vidriosos y me niego a llorar.
Anoche lloré hasta quedarme dormida hecha un bollito. Hoy no lloro, miro la lluvia por la ventana con los pies un poco húmedos - y qué ganas de estar en casa, todavía en la cama hecha un bollito y con los pies secos.
Un vaso de agua, un poco más, digiero la angustia, el agua me limpia, me calma.
Hoy no tengo ganas de pelear.

Escapar(se)


Este fin de semana, como si nada, decidido con 48 horas de anticipación, me fui lejos. Lejos, sola, de improvisto: definitivamente me estaba escapando. Creo que buscaba algo y no sabía bien qué, y me encontré con cosas que no esperaba. O en realidad no sé si las esperaba, pero me encontré con las respuestas que estaba necesitando.

Nunca había viajado en micro, es más, jamás había pisado Retiro, pero ahí estabámos mi mochila y yo, con el pasaje en la mano y un destino en otra provincia, con angustia y ansiedad, arrepintiéndome pero a la vez sabiendo que estaba haciendo algo que me iba a hacer bien.

Todavía no me decidí

Es una buena idea.
(5 minutos)
Ok, no es tan buena idea.
(5 minutos)
Es una mala idea.
(5 minutos)
¿Segura?
(5 minutos)
Es una buena idea.
(5 minutos)
Ok, no es tan buena idea.
(5 minutos)
Es una mala idea.
(5 minutos)
¿Segura?


Y así sucesivamente.
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